Egan Bernal tiene alma y piernas de un guerrero

Egan Bernal, el joven al que de niño su papá hacía sufrir en bicicleta para que se desencantara del ciclismo, es ahora el campeón del Tour de l’Avenir, la carrera sub-23 más importante del ciclismo que terminó ayer en Francia.
Confiesa que, tras la agonía que sentía en el largo recorrido por la geografía cundinamarquesa a sus escasos 8 años de edad, jamás soltó una lágrima, aunque con dolor sí llegaba a ponerle la queja a su madre del martirio que padecía tras la exigencia de su progenitor, quien lo obligaba a seguirlo “a un paso demoledor”.

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No entendía por qué don Germán Bernal se portaba así con él, pero el valor del pequeño siempre fue admirable. Le tocaba la puerta de la habitación al padre y lo retaba: “Hey, ¿para dónde vamos hoy?”, rememora el pedalista.
“Desde niño el amor de Egan por la bicicleta era especial. Fue como si hubiera heredado esta pasión de su papá, aunque en un tiempo esta estuvo desaparecida en mi esposo”, cuenta Flor Marina Gómez, la madre de la estrella del pedal al recordar que Germán, quien llegó a disputar una Vuelta de la Juventud, no quería que su hijo se frustrara y corriera con la misma suerte.
Los sacrificios que se deben hacer para rendir sobre un caballito de carbono y la falta de apoyo fueron los desencantos de Germán, que se desempeña ahora como vigilante. “Le decía a Egan que en el ciclismo no había futuro, y lo ponía hacer trayectos largos, pero en vez de cansarlo lo fortaleció”, sostiene Flor Marina.

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